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Qué cuesta una asesoría en Jerez y qué incluye cada modalidad
Qué se paga por llevar solo la fiscal, por sumarle la contable y por tener las cuatro áreas, y qué suele quedarse fuera de la cuota en cada caso.
Pasar de autónomo a sociedad limitada compensa cuando el beneficio recurrente después de gastos supera con holgura lo que necesitas sacar para vivir, porque solo entonces existe un excedente que puede quedarse en la empresa tributando al tipo del impuesto de sociedades en lugar de al marginal del IRPF. La facturación, por sí sola, no decide nada.
Es la consulta que más nos llega, y casi siempre viene con una cifra puesta de antemano: «me han dicho que a partir de 60.000 € hay que hacerse SL». Esa cifra circula desde hace años y no está en ninguna norma. Lo que decide son cuatro variables, y ninguna es la facturación.
Antes de mirar ningún umbral, hay que poner sobre la mesa estos cuatro datos. Con ellos el cálculo se hace en una tarde; sin ellos, cualquier respuesta es una corazonada.
El error más caro no es constituir tarde, es constituir una sociedad que no tocaba: las obligaciones llegan el primer día y el ahorro no llega nunca.
El autónomo tributa por IRPF, que es progresivo: cuanto más ganas, mayor es el tipo que se aplica al último tramo. La sociedad tributa por el impuesto de sociedades a un tipo fijo, con un tipo reducido para los primeros ejercicios de entidades de nueva creación con beneficio. Esa es toda la ventaja teórica.
La trampa está en que el dinero de la sociedad no es tuyo. Para pasarlo a tu bolsillo hay dos vías —nómina o dividendo— y las dos vuelven a tributar en tu IRPF. Si necesitas sacar el beneficio íntegro cada año, acabas pagando dos veces sobre buena parte de él y la ventaja se evapora.
Por eso el cálculo se hace siempre en dos escenarios: qué pagarías como autónomo con tu beneficio real, y qué pagarías con una sociedad sumando impuesto de sociedades, la tributación de lo que te repartas y el coste fijo de mantenerla.
Cuando la diferencia entre ambos escenarios no supera con claridad ese coste fijo, la recomendación es esperar. Un año más de autónomo no cierra ninguna puerta; una sociedad mal planteada arrastra obligaciones durante años.
Es la parte que casi nunca aparece en la conversación de sobremesa y la que más pesa cuando el beneficio es moderado. Una sociedad limitada tiene un suelo de coste y de obligaciones que no baja los años malos:
El argumento que más se repite después del fiscal es que la sociedad protege lo tuyo. Es cierto como regla general —respondes con el capital aportado, no con tu casa—, pero hay tres excepciones que conviene conocer antes de dormir tranquilo: las deudas con Hacienda y la Seguridad Social pueden derivarse al administrador cuando hay incumplimiento; los bancos casi siempre piden aval personal para financiar a una sociedad joven; y administrar mal tiene su propio régimen de responsabilidad, con la obligación de disolver cuando el patrimonio neto cae por debajo del límite legal.
Aun con esos matices, en actividades con riesgo real de reclamación la protección patrimonial pesa más que la fiscal. Es el caso en el que recomendamos constituir aunque el número fiscal esté justo.
En la consulta inicial, que no tiene coste, cogemos tu declaración del último ejercicio y tu previsión del actual, y montamos la comparativa completa con tus cifras. Sale un número y una recomendación, y esa recomendación a veces es «todavía no». Si sale que sí, lo hacemos entero: estatutos, notaría, Registro, alta censal y el traspaso ordenado de tu actividad a la sociedad, que tiene consecuencias fiscales si se hace a bulto.
Puedes ver el detalle en constituir una sociedad, y si lo que necesitas es ordenar primero la parte de impuestos, en asesoría fiscal.
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